INSPIRACIÓN

India en el corazón

País de contrastes, India atrae a viajeros que buscan conocer su cultura milenaria, sus alegres habitantes y sus sorprendentes paisajes. Una nación donde la pobreza convive con la riqueza, donde alborotadas callejuelas rodean magníficos palacios y donde se puede pasar de ciudades de marcada influencia inglesa a otras con sello portugués y musulmán. Este es un recorrido por algunos de sus exóticos rincones, pasando por el famoso rajastán, la capital delhi, el puerto de mumbai, las legendarias calcuta y varanasi y los fascinantes atractivos del sur, para comprobar que la india siempre será un lugar para inspirarse. 

Taj Mahal al atardecer
Taj Mahal al atardecer

Uno de mis principales temores al hablar de la India es ser parcial o poco objetivo, ya que, dicho en palabras simples, estoy enamorado de este país mágico que conocí hace cinco años y que desde entonces no he dejado de visitar a lo menos una vez al año. Y a veces dos o tres.

Siempre me produjo curiosidad la India. Me parecía extraño que tuviera tanto fervientes seguidores como profundos detractores y me interesaba comprender cómo se vive en un país de casi 1.300 millones de habitantes, con una gastronomía especial llena de especias, un sistema social de castas y una espiritualidad profunda. Sobre todo, me generaba curiosidad el hecho de que pese a que los principales relatos que llegan a través de la literatura y las noticias hablan de pobreza y precariedad, las imágenes icónicas de sus habitantes siempre son con una sonrisa llena de paz y felicidad.

Fue por eso que hace cinco años partimos con mi señora a conocer la India en un viaje que a estas alturas me atrevo a decir que cambió mi vida. Y lo hizo no porque haya descubierto una nueva religión ni porque haya decidido optar por la meditación como forma de vida ni porque haya cambiado radicalmente mi alimentación. Cambió mi vida ya que encontré un país que me sorprendió profundamente. Tanto así que después de esa primera experiencia decidí llevar grupos a conocer este fascinante lugar desde mi perspectiva de decorador y amante de la estética, los viajes y las experiencias culturalmente interesantes.

Varanasi y río Ganges
Varanasi y río Ganges

Es fascinante el resultado logrado porque al día de hoy no solo tengo mi propia mirada de la India, sino también la de casi 200 personas –incluyendo mis tres hijos– que año a año se impresionan y emocionan con la India que les muestro. Grupos que en cada nuevo viaje me hacen recordar lo mismo que sentí yo cuando me enfrenté por primera vez a esta cultura milenaria llena de ritos y creencias.

COLORES Y SABORES SIN LÍMITES

Es difícil determinar cuál es la mejor ruta para conocer la India; depende de factores como la fecha, la cantidad de días y el tipo de interés de la persona. Estos factores hay que confrontarlos con el hecho de que la India es un subcontinente, en cuyo territorio convive una diversidad de climas, razas, religiones, idiomas y paisajes. Desiertos como el de Thar, cordilleras como los Himalayas, lagos como el Vembanad, playas como Marari y reservas selváticas como Munnar o Periyar se pueden recorrer sin salir de las fronteras del país.

En mi caso, primero recorrí el norte, dando prioridad al estado de Rajastán, conociendo también Varanasi, Agra y usando como puerta de entrada y salida la actual capital del país, Delhi. Llegar por primera vez a través de Nueva Delhi es una buena opción. Mejor aún si la alternativa es alojarse en el mítico hotel The Imperial, una elegante construcción art deco de 1936 con una colección impresionante de grabados clásicos que recorren su interior y que ayudan a entender desde un primer momento lo que significó la influencia inglesa aquí. Algunos incluso aseguran que en sus salones se firmó la Independencia en 1947. Cierto o no, el lujo del hotel nos sumerge en la época colonial y nos recuerda que la India fue y sigue siendo un país de contrastes.

Palacio Hawa Mahal en Jaipur, Rajastán
Palacio Hawa Mahal en Jaipur, Rajastán

Y es que por mucho que Nueva Delhi haya sido creada como ciudad imperial, comparte historia y territorio con Old Delhi, la parte antigua de la capital, donde está el Fuerte Rojo, la mezquita Jama Masjid, el Qutab Minar y el barrio de Chandni Chowk, un lugar digno de ser recorrido en rickshaw. Al adentrarse en sus laberínticas calles, llenas de gente, se nos aparece por primera vez la realidad cotidiana del país. En ese momento uno se siente parte de una película, sensación que se repite a lo largo del viaje. Cuesta dejar descansar los sentidos en este país que limita con Pakistán, China, Nepal, Bután, Bangladesh, Myanmar, el océano Índico y el mar Arábigo, dentro de cuyas fronteras parece no haber límites para los colores, los olores, los sabores y las creencias religiosas y culturales.

Así por ejemplo, si hablamos de lugares que marcan cuando se recorre el norte, uno en donde la fuerza de la espiritualidad se nota en todos los rincones es Varanasi, la ciudad sagrada de la principal religión de la India: el hinduismo. Recorrer el río Ganges en un barco al atardecer, admirando la belleza arquitectónica de una de las ciudades más antiguas de la Tierra, y sorprenderse con la potencia espiritual que se vive en torno al rito de las cremaciones en las piras funerarias, es sencillamente único y sobrecogedor.

ALOJAR COMO MARAJÁ

Ya en el Rajastán, uno de los principales estados del norte, y en su capital, Jaipur, la magia vuelve a aparecer, pero ahora para maravillarnos con la vida de los marajás y sus antiguos palacios y fortalezas. Un ejemplo de esto es subir al Fuerte Amber en elefantes decorados con una colorida indumentaria. Un espectáculo como pocos. Igual de mágico como cuando en medio del desierto de Thar, casi en la frontera con Pakistán, emerge la ciudad dorada de Jaisalmer, uno de los pocos fuertes donde sus habitantes todavía viven dentro de sus muros. Recorrer sus calles empedradas es retroceder en la historia y montar en camello por sus dunas para ver la puesta de sol es detenerse en el tiempo y querer que éste no siga avanzando.

Había leído sobre los marajás, pero no había tenido claro su significado hasta conocer la India. En palabras simples, son –o eran, hasta que bajo el mandato de Indira Ghandi en 1971 les quitaran sus privilegios– el equivalente a lo que entendemos como príncipes en la cultura occidental. Muchos de estos monarcas llegaron a ostentar un impresionante nivel de riqueza y crearon feudos de lujo y refinamiento. Al suprimir sus privilegios por ley, varios buscaron la forma de mantener algo de su nivel económico arrendando o vendiendo sus casas, verdaderos palacios, para que fueran transformadas en hoteles.

Por eso, parte del encanto de viajar a la India es “alojar como marajá”. En ese sentido, quien lleva la delantera es la cadena Taj, cuyos dueños tuvieron la visión de llegar a acuerdo con palacios en los mejores lugares, donde abrieron hoteles emblemáticos que son una experiencia en sí mismos. Imposible no recordar el asombro cuando en Jodhpur llegamos a Umaid Bhawan Palace, varias veces seleccionado dentro de los mejores hoteles del mundo, donde nos recibieron con trompetas y pétalos de rosas. O cuando, luego de llegar a Udaipur, nos subimos a una lancha y nos dirigimos a través de las aguas del lago Pichola al hotel–isla Taj Lake Palace. Una construcción de mármol blanco considerada uno de los lugares más románticos del mundo.

PAÍS DE CONTRASTES

Es mucho lo que uno puede escribir sobre un viaje a la India y sus maravillas, pero nada cobraría verdadero sentido si no fuera por su gente. Es ella la que con su amabilidad, alegría, eterna sonrisa y simpleza de mirar la vida constituye la parte fundamental del viaje y se transforma en el gran denominador común del territorio indio. Lo cual no es menor si consideramos que este es un país con 29 estados, seis territorios de la Unión y un Territorio de la Capital, muy diversos todos entre sí. Basta cruzar las fronteras territoriales para darnos cuenta de que cambian no solo las normas administrativas sino también los dialectos, las vestimentas, las comidas e incluso las creencias.

Es muy diferente, por ejemplo, la vida en los pueblos desérticos del Rajastán a la vida en el pequeño estado de Goa, donde la influencia portuguesa se percibe sobre todo en la gran cantidad de iglesias católicas. Distinto también es recorrer algunas de las ciudades de Tamil Nadu, donde sus habitantes presumen de ser el estado “más indio” de la India y donde el hinduismo se manifiesta en toda su expresión, especialmente alrededor de los monumentales templos, los cuales, además de joyas arquitectónicas, en algunos casos son verdaderas mini ciudades que congregan a miles de devotos.

También es diferente y único lo que se vive en el muy nombrado estado de Bengala Occidental, en cuya capital, Calcuta, se encuentra un resumen de todo lo que es la India, con sus grandezas y pobrezas. Su pasado como capital del Imperio Británico hasta 1911 se percibe en cada rincón y contrasta con un presente que avanza en modernidad y trata de introducirse en las costumbres ancestrales de la tercera ciudad más poblada de la India. Una urbe potente, especial y fuerte en algunos aspectos, pero mágica y digna de conocer y vivir.

A ORILLAS DEL MAR ARÁBIGO

Mumbai por su parte, capital del estado de Maharastra y conocida como la capital financiera de la India, tiene más de 18 millones de habitantes y en cada esquina se nota la influencia inglesa: en la arquitectura, en el nombre de calles y barrios e incluso en la presencia de buses de dos pisos. Esto, unido a que es una ciudad puerto y sede de una de las mayores industrias cinematográficas del mundo –Bollywood–, la hace ser más cosmopolita y moderna que muchas otras ciudades.

Mumbai no duerme, es única, bullante y solo podría parecerse a otros lugares de la India por compartir ubicación geográfica a orillas del mar Arábigo, tal como lo hacen algunas ciudades del estado de Kerala, ese al cual muchos llaman “la tierra de los dioses” y al cual National Geographic dio la categoría de ser uno de los 10 paraísos de la Tierra. Y es que Kerala, con sus encantadoras ciudades de pescadores como Cochín, playas maravillosas como Kovalam y preciosas localidades que bordean lagos como Kumarakom –cuyos canales nos invitan a sumergirnos en mágicos recorridos a bordo de backwaters– , tiene bien merecida esa calificación.

Coloridas especias orientales en un mercado indio
Coloridas especias orientales en un mercado indio

Trivandrum, su capital, es la que nos ofrece la vida cultural más importante, pero cercana a ella también es donde encontramos magníficos hoteles de un estilo más natural y donde el atractivo ya se centra en el contacto con la naturaleza, en la increíble gastronomía y en la filosofía del ayurveda, ciencia milenaria que se preocupa del bienestar del ser humano de manera integral, conjugando alimentación, masajes y ejercicios, principalmente yoga. Al disfrutar de unos días de descanso en hoteles como el Niraamaya Retreats, donde estos conceptos están presentes en medio de una vegetación exuberante, playas paradisíacas, atención personalizada y un spa ayurvédico de primer nivel, se logra redefinir el concepto del lujo y transformarlo en la sofisticación de la simpleza.

MEZQUITAS Y MINARETES

Si el norte de la India impresiona con palacios y fuertes, el sur sorprende con templos llenos de color y formas donde se percibe el hinduismo de manera viva y potente. Tal es el caso de los templos Meenakshi en Madurai, en el estado de Tamil Nadu. Color, alegría, flores y cantos se amalgaman en un espectáculo impresionante de devoción. Una de las mejores manifestaciones del hinduismo de la región.

Como los contrastes son el sello de la India, en el estado vecino, Andhra Pradesh, hay ciudades tan distintas como Hyderabad, la cual tiene una mezcla de atractivos poco explorados por los circuitos tradicionales del turismo, pero tremendamente interesantes. Es aquí donde existe un sector dedicado a la tecnología y la ciencia que suele llamarse el “Silicon Valley” de la India. Y esto se mezcla con importantes centros de moda y tiendas de diseño y decoración.

Esta ciudad tiene un alto porcentaje de población musulmana en su casco antiguo, donde entre mezquitas y minaretes nos transportamos a otra India, a la musulmana, con predominio del color negro en el traje de las mujeres y oraciones y cantos de sonidos de fondo. También tiene bastantes monumentos y fuertes y una variada oferta hotelera, donde merece mención especial el espectacular Taj Falaknuma Palace, antigua residencia del Nizam (monarca). Sencillamente un hotel de reyes.

Mucho se puede seguir diciendo de este maravilloso país y sus infinitos rincones. Tanto así que cada vez que cierro los ojos y pienso en un lugar de descanso, con gastronomía excepcional y hotelería de primer nivel, se me atraviesan varios lugares de la India. Cada vez que pienso en cosas preciosas de decoración y en lugares que me sirvan de inspiración para mi trabajo, aparece la India. Cada vez que pienso en historia, lugares culturalmente interesantes y experiencias exóticas, rodeado de gente sabia y amable, aparece la India. Cada vez que quiero volver a tomar un avión, me gustaría que el destino final fuera la India. Eso es amor. Y parece que yo de la India me enamoré.

Viajes de Colección a India

DATOS PRÁCTICOS

ACCESIBILIDAD

India está bien conectada y tiene cuatro principales puertas de entrada para vuelos internacionales: Delhi, Mumbai, Chennai y Bangalore. Otras ciudades que también operan de manera internacional son Hyderabad, Cochín, Calcuta, Lucknow, Amritsar, Trivandrum y Cananor. La aerolínea nacional, Air India, tiene múltiples vuelos domésticos.

VISA

Para ingresar a la India a los chilenos se les exige tener un visado electrónico, el cual se puede solicitar en un plazo de entre 4 y 30 días antes de viajar.

CLIMA

La temporada alta es entre diciembre y marzo (cuando el clima es agradable) y la baja entre abril y junio (cuando es muy caluroso). De julio a noviembre hay lluvias monzónicas.

HOTELES

India destaca por las construcciones donde están alojados sus hoteles: muchos antiguos palacios reciben a turistas que quieran “alojar como marajá”. Algunos alojamientos recomendables son The Imperial en Nueva Delhi, Umaid Bhawan Palace en Jodhpur, Taj Lake Palace en Udaipur, Niraamaya Retreats en Trivandrum y Taj Falaknuma Palace en Hyderabad

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