INSPIRACIÓN

Cuatro restaurantes en Perú para los amantes de la buena mesa

ISOLINA

Av. San Martín 101, Barranco, Lima

Plato de comida de Isolina
Isolina

Isolina está alojado en una casa de 1906, en Barranco, uno de los distritos más populares de Lima. El chef, José del Castillo, lo abrió en 2015 para poner en valor la comida tradicional y rescatar sabores perdidos. Lo llamó Isolina en honor a su madre, Isolina Vargas, quien también tenía un restaurante, La Red, del cual José se hizo cargo.

Isolina es un homenaje al espíritu de las tabernas peruanas de antaño, a la cocina casera y a recetas olvidadas en cuadernos viejos. Por eso aquí manda un ambiente distendido, incluso algo ruidoso, donde la formalidad da paso a reuniones de amigos, música y risas.

La carta se renueva constantemente, pero siempre mantiene las preparaciones servidas en fuentes generosas al centro de la mesa, de las cuales cada comensal se sirve la porción que desea.

En la carta actual hay entradas (“primeros”) como choritos a la chalaca, escabeche de bonito y tortilla de sesos, y “segundos” como seco de asado de tira con arroz y frijoles, guiso de mollejas y riñones al vino. Ojo que los almuerzos de fin de semana y feriados no hacen reservas y se atiende por orden de llegada. Como suele haber fila, hay que llegar temprano.

CHICHA

Santa Catalina 210, Cercado, Arequipa

Plato de comida de Chicha
Chicha

Chicha es la propuesta de Gastón Acurio que pone en valor la cocina regional. La gracia es que los cocineros usan insumos propios de la región para elaborar platos que representan la gastronomía local.

En un local establecido en la imponente Casona de Santa Catalina del siglo XVIII, a pasos del convento del mismo nombre y de la Plaza de Armas, Chicha impulsa en Arequipa el valor de la gastronomía arequipeña, una de las más reconocidas del país y motivo de orgullo de sus habitantes, quienes llevan siglos desarrollándola en las famosas picanterías.

Las especialidades en el restaurante, que ya lleva 10 años de trayectoria, van desde tiradito, soltero de queso y torrejitas hasta rocoto relleno, locro de pecho y cauche de queso, comidas insignes de la gastronomía local. De postre sirven el tradicional queso helado, un clásico arequipeño que se suele vender en las calles de la ciudad.

Además de este local, hay otro en Cusco del mismo nombre, el cual rinde tributo a la gastronomía andina.

MIL

Moray, Valle Sagrado

Plato de comida de Mil
Mil

Famoso por su restaurante Central en Lima –que el año pasado alcanzó el puesto n°6 del ranking The World’s 50 Best Restaurants–, el chef Virgilio Martínez inauguró hace poco más de un año un restaurante al costado del sitio arqueológico de Moray, en el Valle Sagrado.

Es una construcción sencilla, que respeta la naturaleza del lugar, con vista a las ruinas incas a 100 metros. Mil, como lo llamó –por los miles de metros a los que se encuentra (3.568 metros) y los miles de años de historia del lugar–, tiene capacidad para solo 30 personas.

Virgilio lleva años investigando productos peruanos y el legado cultural gastronómico de Perú. De Moray le llamaron la atención las terrazas circulares de cultivo, por lo que decidió abrir un espacio de investigación aquí y un restaurante. En este proceso involucró a dos comunidades locales.

La particularidad del menú es que explora la biodiversidad de Perú y es un viaje por las distintas altitudes del valle y Los Andes. Tiene ocho tiempos o “momentos”, como los llaman, y está centrado en productos de altura. Los platos son generalmente para compartir y llevan productos como quínoa y kañiwa, cushuro (un alga) y distintos tipos de maíz, papas y hierbas.

CICCIOLINA

Calle Triunfo 393 2° piso, Cusco

Plato de comida de Cicciolina
Cicciolina

En Cicciolina no todo se trata de comer: aquí le dan tanta importancia a la gastronomía como al ambiente. La idea es que apenas uno entre le den ganas de quedarse en el restaurante y pasar el tiempo observando y disfrutando los sabores de la comida. Mucha gente ya se ha convencido de esto, por lo que el ambiente suele ser cosmopolita y con una vibra especial.

Ubicado en el segundo piso de una casona colonial en Cusco, en Cicciolina se puede elegir entre sentarse en el área del bar a picar tapas con una copa de vino y vista a la cocina y sus aromas, o disfrutar de una comida más formal en el restaurante propiamente tal, en alguna de las pocas mesas que hay entre paredes rojas de las cuales cuelgan grandes pinturas.

En el primer piso está Cicciolina Bakery, donde de 8 a 11 de la mañana se pueden disfrutar desayunos con pan recién salido del horno y café de grano molido, además de crujientes baguettes, huevos pochados y jugos naturales. Muy recomendable para partir la jornada en la antigua capital inca.

Si quieres conocer y deleitarte con esta exquisita gastronomía, puedes encontrar vuelos aquí.

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