INSPIRACIÓN

Cruceros Australis: Navegando al fin del mundo

El extremo austral de la Patagonia, donde la naturaleza prevalece virgen y en estado salvaje, ha atraído a navegantes y exploradores de todos los tiempos. A pesar de ello, estas tierras aún permanecen inexploradas. A bordo de un crucero de expedición, navegamos cinco días por el laberinto de fiordos y canales de Tierra del Fuego para ir donde pocos han ido. Glaciares milenarios, bahías escondidas y el mítico Cabo de Hornos son algunas de nuestras paradas en este remoto lugar.

Crucero Australis frente al glaciar Pia
Crucero Australis frente al glaciar Pía

Son las nueve de la noche y desde adentro del barco aún vemos las luces de Punta Arenas. Estamos esperando el zarpe, el cual se ha visto retrasado por fuertes vientos. Un clásico de la Patagonia. La idea era ver cómo nos alejábamos de la capital magallánica desde la quinta cubierta, pero al poco rato desistimos y, tras el anuncio de la cena, bajamos al comedor. Una vez ahí, mientras disfrutamos nuestra primera comida a bordo, al fin escuchamos el motor rugir. Comienza así el vaivén del mar y, con él, nuestra aventura por el fin del mundo.

Éramos 120 pasajeros los que habíamos embarcado unas horas antes en el Stella Australis, una de las dos embarcaciones de Australis, empresa que navega cruceros de expedición por fiordos y canales patagónicos, por donde cruceros más grandes no pueden pasar. Nos disponíamos a un viaje de cuatro noches a bordo de esta nave para ir de Punta Arenas a Ushuaia, en Argentina, en el primer zarpe de la temporada.

En la cena, con el barco ya en movimiento, disfrutamos ahora de una sabrosa comida: tiradito de pulpo, merluza austral con quínoa y suspiro limeño. Entre conversaciones con nuestros compañeros de mesa, comenzamos a navegar por el histórico estrecho de Magallanes, el cual el próximo año celebra 500 años de su descubrimiento.

Las luces de Punta Arenas se disuelven en la distancia y, mientras las últimas señales de telefonía se pierden, nos despedimos de la civilización.

Monumento Cabo de Hornos
Monumento Cabo de Hornos

BOSQUE SUBANTÁRTICO

“¡Buenos días! Estamos navegando por el Seno de Almirantazgo, al suroeste de Tierra del Fuego. La temperatura exterior es de 5°C”, escuchamos por el parlante de la cabina cuando son las ocho de la mañana, al mismo tiempo que anuncian que el desayuno está servido.

A través de una empañada ventana, vemos un día nublado y un territorio por descubrir. Luego de un contundente desayuno buffet, comienza el descenso para la primera excursión.

Nos ponemos el salvavidas y nos limpiamos los zapatos en un líquido para no introducir bacterias en el ecosistema. Rápidamente los zodiacs se llenan y se dividen en dos grupos: los que van a la excursión de exigencia alta (a La Morrena, un cerro formado por sedimentos glaciares) y los que van a la de exigencia media (una caminata por un bosque subantártico). Por recomendación de los guías nos unimos al segundo, ya que este será el único bosque de este tipo del viaje.

El bote nos deja en Bahía Ainsworth, una playa de piedras en el Parque Nacional Alberto de Agostini. Al frente, entre la neblina, vemos el glaciar Marinelli y picos de la cordillera Darwin. Es inevitable sentir que uno es de las pocas personas que han estado en este lugar.

Con el frío zumbando en los oídos, nos dividimos en grupos por idiomas. Nuestra guía, Jade Prove, una belga que habla español con acento argentino, comienza a contarnos del lugar. Mientras caminamos sobre piedras, nos muestra coloridos líquenes en rocas y nos habla de su importancia en la formación de bosques. También nos muestra especies como notros, coihues y la murtilla. A lo lejos cuatro cóndores sobrevuelan el paisaje.

Caminamos por un sendero cubierto de nieve hacia un verde bosque que pareciera no pertenecer a este remoto sitio. Para recorrerlo hay pasarelas de madera, las cuales pisamos con cuidado para no resbalar. Junto a unas pequeñas cascadas, Jade señala que esta región tiene el siete por ciento de la variedad mundial de musgos, los cuales vemos por doquier y se apropian del entorno en todas direcciones.

El recorrido termina en un área sin árboles: es el efecto de los castores, introducidos en la zona en los años 40. Hoy se sigue luchando contra esta invasión de animales que, con sus represas, destruyen los ecosistemas patagónicos.

Al volver a la playa nos encontramos con una sorpresa: un chocolate caliente (con opción de agregarle whisky) antes de subir al zodiac, algo que se repetirá tras cada excursión. Mientras lo tomamos cae una suave lluvia y un solitario zorro pasea por la bahía.

EXPERTOS EN BIODIVERSIDAD

Volvemos al barco y los pasajeros nos reunimos en el bar, donde esperamos el almuerzo. Es una buena oportunidad para sociabilizar con el resto. El barco es pequeño (tiene cinco cubiertas y 100 cabinas) y ya comenzamos a reconocer a algunas personas. Los viajeros tienen un promedio de edad de unos 60 años, con bastantes estadounidenses y europeos.

Glacias Pia
Glaciar Pía

En el comedor nos espera nuestro garzón Diego, quien de a poco va conociendo nuestros nombres y gustos. El buffet ofrece preparaciones sencillas pero sabrosas, y es donde algunos hambrientos aprovechan de compensar las –para ellos– pequeñas porciones de la noche anterior.

En la tarde tenemos la segunda excursión del día: una navegación a los islotes Tucker para ver pingüinos de Magallanes y cormoranes. Para proteger el ecosistema de las islas, el avistamiento es desde los botes, por lo que recomiendan ir muy abrigados.

Nuestro guía ahora es Marc Dols Mut, un joven catalán que desde el zodiac nos explica que los pingüinos acaban de llegar; aquí tienen sus nidos y es donde se juntan con sus parejas. De a poco nos acercamos a las islas y los comenzamos a ver, agrupados en una playa, asomándose de sus nidos y caminando en la vegetación.

Por la tarde, en el barco hay una charla de glaciología dada por los mismos guías, quienes tienen formación en paleontología, oceanografía e historia natural, además de un gran conocimiento de la biodiversidad local. Esto hace que uno no se quede solo con la belleza de los paisajes que tiene la suerte de ir viendo, sino que comprenda la importancia de cada elemento en un entorno verdaderamente prístino.

GLACIARES MILENARIOS

Para entender cómo los pueblos han sido capaces de adaptarse a estas extremas condiciones, empezamos el tercer día con una charla sobre el poblamiento americano, los aborígenes locales (tehuelches, onas, haush, yaganes y alacalufes) y los primeros encuentros entre europeos e indígenas con exploradores como Hernando de Magallanes y naturalistas como Charles Darwin, quienes, con su visión eurocentrista, registraron sus modos de vida. Estos parajes ya eran habitados hace seis mil años. Mirando hacia afuera por la ventana, cuesta imaginar cómo lo hacían.

Luego de un buffet oriental, llega la hora de una de las excursiones estrella del viaje: el glaciar Pía. Lo divisamos primero por la ventana de la cabina, mientras avanzamos lentamente hacia él por un fiordo. Abordamos los zodiacs y nos dejan a un costado, tan cerca que se siente como si respiráramos el hielo de este gigantesco glaciar.

Caminamos en una suave subida por un sendero demarcado en la roca por el paso de los visitantes, siempre con el glaciar a la vista. Pronto llegamos a un mirador desde donde tenemos una vista panorámica al glaciar. Jade explica que este glaciar es uno de los más activos de la Patagonia y un verdadero laboratorio al aire libre para los científicos, ya que las grietas se ven muy bien y los movimientos internos no son tan profundos. Con constantes crujidos del hielo de fondo, admiramos su imponente presencia.

De vuelta en el barco, continuamos hacia el este por el canal Beagle y navegamos por la Avenida de los Glaciares, una sección de este brazo de mar donde cinco glaciares cuelgan de la cordillera Darwin. Los pasajeros nos congregamos en la quinta cubierta y, de a una, las imponentes masas de hielo aparecen a nuestra izquierda. La mayoría lleva nombres de países de navegantes europeos: Romanche, Alemania, Francia, Italia y Holanda. Contemplamos el espectáculo entre música y una animada conversación mientras sirven comidas de esos mismos países: champaña, salchichas y cerveza, queso y vino, pizza y dulces típicos.

El final de esta navegación marca el inicio de nuestro próximo desafío: Cabo de Hornos, el punto más austral de América, hito de la navegación mundial, donde llegaremos en la noche. Pero descender o no dependerá del clima, nos advierten. Esa noche dormimos expectantes.

AGUAS EXTREMAS

A las 6:15 suena el anuncio de que es hora: hay que alistarse para la excursión que para muchos es el mayor hito de este viaje. Son buenas noticias, ya que significa que el clima es favorable y podremos descender en el mítico Cabo de Hornos.

Embarcamos en el primer zodiac y somos los primeros en llegar a la isla, cuando recién está amaneciendo. Al desembarcar nos encontramos con un oficial de la Armada y su hija dando la bienvenida de manera orgullosa. Aquí está la alcaldía de mar más austral del mundo, y ellos, junto a otra hija más y la madre de ambas, son los únicos habitantes. Comenzamos a subir los más de 140 escalones que llevan hasta lo alto de la isla. Una vez arriba, vamos al icónico monumento del albatros, ave que suele acompañar a los navegantes. Como aún no ha llegado nadie más, aprovechamos el momento y tomamos las fotos de rigor,

Pinguinos de Magallanes
Pingüinos de Magallanes

en medio de un viento gélido y una suave llovizna. Mirar hacia el mar aquí es mirar hacia la Antártica: entre nosotros y ese territorio, no hay nada más. Estamos, literalmente, al fin del mundo.

Luego vamos hacia el faro donde vive la familia, quienes nos cuentan sobre las extremas condiciones en las que viven. Están ahí por un año y su emoción con las visitas es notoria.

El viento y la lluvia se han intensificado, por lo que volvemos rápidamente a los zodiacs. Avanzamos en fila y vemos cómo los botes tienen dificultad en mantenerse quietos en el bravo mar. En menos de una hora, las condiciones climáticas cambiaron radicalmente.

Volvemos al barco empapados a tomar un reconfortante desayuno. Luego, al almuerzo, enfrentamos un desafío: el mar está cada vez más embravecido y el barco se tambalea con fuerza, por lo que algunos pasajeros se marean y se acuestan mientras otros bajamos al almuerzo, que ya está servido y consiste en un buffet chileno. Mientras comemos empanadas, pastel de choclo y chupe de centolla, grandes olas cubren por completo las ventanas. Es parte de la experiencia de navegar por las aguas más australes del mundo.

Por la tarde, bajo un cálido sol, tenemos nuestra última excursión: Bahía Wulaia, en isla Navarino, donde hubo uno de los asentamientos yaganes más grandes. Nos unimos a la expedición de exigencia alta, la cual apunta a una cumbre con una gran vista de la bahía.

Caminamos por un sendero que de a poco se torna empinado, mientras entramos en un bosque con algo de barro. El camino zigzaguea y sube por la ladera. En los tramos con mucho barro, hay pasarelas de madera y cuerdas de donde afirmarse. Después de una hora de subida a paso rápido, desde arriba tenemos una espectacular panorámica de la bahía, con la cordillera Darwin de fondo y el barco flotando en aguas calmas.

Con esta postal, la fuerte navegación de más temprano parece cosa del pasado. En unas horas llegaremos a aguas argentinas y divisaremos las luces de Ushuaia, donde desembarcaremos mañana a primera hora. Pero por ahora, en lo alto de esta colina y con este paisaje, no dan ganas de que termine esta aventura austral.

Crucero Australis

DATOS PRÁCTICOS

CRUCERO

Australis tiene cuatro itinerarios entre Punta Arenas y Ushuaia, de 4 y 8 noches, los cuales opera en sus dos barcos (Stella y Ventus), cada uno con 100 cabinas (todas con ventana exterior). En los programas está todo incluido y la temporada es entre septiembre y abril.

ATRACTIVOS

Las paradas en la ruta son en Bahía Ainsworth, islotes Tucker, glaciar Pía, Cabo de Hornos y Bahía Wulaia, además de una navegación panorámica por la Avenida de los Glaciares. Estas detenciones varían según el programa y el clima.

CLIMA

En la Patagonia el clima es variable y un día despejado se puede convertir rápidamente en uno lluvioso, por lo que se recomienda andar siempre con ropa impermeable. Además, aunque las temperaturas bordean los cero grados, es aconsejable vestirse por capas ya que durante las excursiones uno entra rápidamente en calor.

INDISPENSABLES

La compañía entrega una cantimplora y mochila pequeña a los pasajeros, además de bastones de trekking en las excursiones. Artículos imprescindibles a llevar son gorros, guantes y zapatos impermeables. De todas formas, a bordo hay una tienda que vende varios de estos elementos.

ESTADÍA

Los hoteles Cabo de Hornos y Arakur son buenos puntos donde alojar en Punta Arenas y Ushuaia, respectivamente, tanto antes como después de la navegación. Entre ambas ciudades no hay vuelos directos, por lo que la alternativa es hacer conexión en Buenos Aires, Córdoba y Santiago. Otra opción (realizada en este reportaje) es tomar un bus de la compañía Bus Sur que demora aproximadamente 12 horas de Ushuaia a Punta Arenas.

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